Por la Dra. Araceli Alonso
El día de ayer, 13 de junio recibí uno de los reconocimientos más significativos de mi vida: el premio MUJER INQUEBRANTABLE en el marco de México en tus manos, un evento que honra a personas que han contribuido al desarrollo de nuestro país desde distintos frentes.
Este premio, otorgado por la Fraternidad Nacional de Organizaciones Unidas de México, no solo lleva un nombre poderoso, también representa una responsabilidad y una memoria colectiva. Porque cuando se reconoce a una mujer como INQUEBRANTABLE, no se premia una historia personal: se enaltece la lucha de miles de personas.
Este honor lo recibo, sí, pero lo comparto con todas las mujeres que día a día resisten, sueñan, cuidan, sanan, emprenden y transforman su realidad a pesar de todo.
La ceremonia se realizó en Monterrey, Nuevo León, y estuvo acompañada de símbolos profundamente representativos: el Macuahuitl, el águila de 360°, y por supuesto, el galardón MUJER INQUEBRANTABLE, que hoy guardo con profunda gratitud.
Cuando fundé mi camino en la medicina, la empresa y el acompañamiento humano, nunca imaginé que el propósito me llevaría hasta aquí. Este no es solo un premio, es un recordatorio de que cuando una mujer se levanta con causa, con propósito, con fe, también levanta a su comunidad, a su historia y a su país.
Desde La vida, desde mi raíz, quiero compartir este momento contigo que me lees, porque tú también haces parte de este andar. Porque si algo he aprendido es que la fuerza no siempre se grita, muchas veces se sostiene en silencio, con amor, con constancia, con entrega.
Gracias, México en tus manos, por este reconocimiento.
Lo guardo cerca del corazón. Y desde ahí, sigo construyendo en beneficio de los demás.




